jueves, 8 de enero de 2026

Estrategias y estilos de aprendizaje

Estrategia de aprendizaje


Una estrategia de aprendizaje es la forma concreta que utilizas para estudiar y aprender mejor. No consiste en estudiar más horas, sino en aprovechar mejor el tiempo. Elegir buenas estrategias te ayuda a entender antes, recordar durante más tiempo y reducir el estrés al estudiar.

No todas las estrategias funcionan igual para todas las personas ni para todas las materias, por eso es importante probar, comparar y elegir las que mejor se adapten a ti y a la tarea que tienes delante.

Ejemplo:
No es lo mismo releer un tema sin pensar que hacerte preguntas sobre él o explicarlo con tus propias palabras. En el primer caso parece que sabes el contenido, pero se olvida rápido; en el segundo, lo entiendes y lo recuerdas mejor.


Estilo de aprendizaje

El estilo de aprendizaje se refiere a la manera en que una persona suele aprender con más facilidad. Algunas personas entienden mejor viendo esquemas o imágenes (estilo visual), otras escuchando explicaciones o hablando en voz alta (estilo auditivo) y otras necesitan hacer, practicar o moverse (estilo práctico o kinestésico).

Es importante entender que el estilo de aprendizaje no es una excusa (“yo solo aprendo así”), sino una pista que te ayuda a elegir estrategias más adecuadas. En realidad, cuanto más variadas sean las estrategias que uses, mejor aprenderás.


Estrategias que suelen funcionar

A continuación se explican algunas estrategias de aprendizaje que suelen ser eficaces en la mayoría de los casos, especialmente si se combinan entre sí:


• Explicar en voz alta (“como si enseñaras”)
Cuando explicas un contenido en voz alta (a un compañero, a un familiar o incluso a ti mismo), tu cerebro se obliga a ordenar las ideas, comprenderlas y usar tus propias palabras. Si no puedes explicarlo, probablemente no lo entiendes del todo.

Ejemplo:
Leer un tema de historia y luego intentar explicarlo sin mirar el libro como si fueras el profesor. Si te atascas, sabes qué parte tienes que repasar.


• Hacer preguntas: ¿por qué?, ¿cómo lo sé?, ¿qué pasaría si…?
Hacer preguntas activa el pensamiento y evita estudiar de forma pasiva. Las preguntas te ayudan a profundizar, a relacionar ideas y a comprobar si realmente entiendes lo que estás estudiando.

Tipos de preguntas útiles:
  • ¿Por qué ocurre esto?
  • ¿Cómo lo sé?
  • ¿Qué relación tiene con lo que vimos antes?
  • ¿Qué pasaría si cambiara algo?
Ejemplo:
En ciencias: no solo aprender una fórmula, sino preguntarte para qué sirve y cuándo se usa.


• Esquemas y mapas
Los esquemas y mapas conceptuales sirven para organizar la información, separar lo importante de lo secundario y ver las relaciones entre ideas. Ayudan mucho a la memoria porque convierten un texto largo en una estructura clara.

Un buen esquema:
  • usa pocas palabras,
  • destaca ideas clave,
  • muestra relaciones (flechas, llaves, colores).
Ejemplo:
Convertir dos (2) páginas de texto en un esquema de una (1) página con títulos y conceptos clave.


• Ejercicios y corrección (el error enseña)
Hacer ejercicios es una de las mejores formas de aprender porque obliga a aplicar lo que sabes. Corregirlos después es igual de importante: el error no es un fracaso, es una fuente de información para mejorar.

Ejemplo:
En matemáticas, aprender más revisando un ejercicio mal hecho y entendiendo el error que haciendo solo los que salen bien.


• Autoexámenes (recordar sin mirar)
Los autoexámenes consisten en intentar recordar la información sin mirar los apuntes: responder preguntas, escribir lo que recuerdas o explicar un tema de memoria. Esta estrategia fortalece mucho la memoria porque entrena la recuperación de la información, que es lo que realmente se pide en un examen.

Ejemplo:
Cerrar el cuaderno y escribir todo lo que recuerdas de un tema antes de comprobarlo.


• Repaso espaciado (hoy, mañana, en una semana)
El repaso espaciado consiste en repartir el estudio en varios días, en lugar de hacerlo todo de golpe el último día. Así el cerebro tiene tiempo para consolidar la información y se olvida menos.

Un ejemplo sencillo de repaso espaciado:
  • Día uno (1): estudio del tema.
  • Día dos (2): repaso corto.
  • Día siete (7): repaso rápido.

  • Antes del examen: repaso final.
Esta estrategia reduce el estrés y mejora mucho el recuerdo a largo plazo.




Pregunta rápida 5 (cuaderno)

¿Qué método usas siempre aunque no te funcione? ¿por qué sigues usándolo?



Actividad 5 (grupo, 15 min) — “Ranking de técnicas”

En grupos de cuatro (4):
  1. Elegid tres (3) técnicas de estudio que conocéis.
  2. Ordenadlas del uno (1) al tres (3) según utilidad real.
  3. Poned un ejemplo de cuándo usar cada una.
  4. Puesta en común: cada grupo defiende su ranking.



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