
El trueque
Imaginemos la gran cantidad de problemas que se les planteaban a los
miembros de las sociedades primitivas que carecían de dinero y tenían que
utilizar el sistema del trueque. Un cazador que desea adquirir un cuenco
de barro se dirige al taller de un alfarero. Sólo puede pagarle con los
productos de su trabajo, a saber, con las pieles o con la carne de los animales
capturados, por lo que camina agobiado por el peso de las mercancías que
ofrece. Si el alfarero no necesita pieles ni carne, si no se produce la coincidencia
simultánea de necesidades recíprocas no será posible el intercambio. El
alfarero, aunque de momento no necesita de los productos del cazador, se
muestra dispuesto a aceptar alguno para conservarlo para futuros intercambios,
pero para ello no sirve la carne que sufriría pérdida rápida de su valor.
Aceptaría por tanto una piel, pero el cazador puede considerar que no hay coincidencia
de valores de las mercancías a intercambiar. La piel de un animal es indivisible,
perdería valor si se la fraccionase, por lo que no sirve para adquirir
minucias.
Fuente del ejemplo: el dinero y la economía (eumed)