Durante la adolescencia se construyen muchas ideas sobre uno mismo (“soy así”, “no valgo para esto”, “esto no es lo mío”) que influyen directamente en la motivación, el esfuerzo y las decisiones futuras. Por eso, esta primera parte se centra en cómo te ves, cómo te explicas lo que te pasa y cómo empiezas a actuar por ti mismo.
1. Autoconocimiento, autonomía y autopercepción
Autoconocimiento
El autoconocimiento es la capacidad de saber cómo eres realmente:
Ejemplo:
Si sabes que aprendes mejor practicando que memorizando, puedes adaptar tu forma de estudiar y frustrarte menos.
El autoconocimiento es la capacidad de saber cómo eres realmente:
- cuáles son tus fortalezas (lo que se te da bien),
- tus límites (lo que te cuesta),
- tus gustos e intereses,
- y tus valores (lo que consideras importante).
Ejemplo:
Si sabes que aprendes mejor practicando que memorizando, puedes adaptar tu forma de estudiar y frustrarte menos.
Autonomía personal
La autonomía es la capacidad de hacerte cargo de tus decisiones y de tus hábitos sin depender constantemente de que otros te controlen o te recuerden lo que tienes que hacer.
Ser autónomo no significa hacerlo todo solo, sino:
- organizarte,
- cumplir responsabilidades,
- pedir ayuda cuando la necesitas,
- y asumir las consecuencias de tus decisiones.
Hacer los deberes sin que te lo recuerden o decidir estudiar antes de salir porque sabes que lo necesitas.
Autopercepción
La autopercepción es la imagen que tienes de ti mismo. A veces puede ser:
- demasiado negativa (“no valgo”, “soy un desastre”),
- o poco realista (“no necesito estudiar”).
Ejemplo:
Si te repites constantemente “yo soy malo estudiando”, es probable que dejes de intentarlo, aunque sí podrías mejorar con estrategia y práctica.
Actividad 7 (parejas, diez min.) — “Te veo así”
Cada alumno escribe dos (2) fortalezas reales del compañero, acompañadas de un ejemplo concreto. Después, comparad con la imagen que cada uno tiene de sí mismo y comentad:
- ¿coinciden?,
- ¿hay alguna fortaleza que no te habías reconocido?
El estilo atribucional es la forma en que explicas tus éxitos y tus fracasos. Influye directamente en:
- tu motivación,
- tu confianza,
- y tus ganas de seguir intentándolo.
Tipos principales
Estilo destructivo (fijo):
Atribuyes lo que te pasa a algo que no puedes cambiar.
Ejemplo: “Soy tonto”, “no valgo para estudiar”.
Estilo útil (cambiable):
Atribuyes lo que te pasa a algo que puedes mejorar.
Ejemplo: “Mi método no fue bueno”, “necesito organizarme mejor”.
Las personas con un estilo atribucional útil suelen perseverar más y aprender de los errores.
Estilo destructivo (fijo):
Atribuyes lo que te pasa a algo que no puedes cambiar.
Ejemplo: “Soy tonto”, “no valgo para estudiar”.
Estilo útil (cambiable):
Atribuyes lo que te pasa a algo que puedes mejorar.
Ejemplo: “Mi método no fue bueno”, “necesito organizarme mejor”.
Las personas con un estilo atribucional útil suelen perseverar más y aprender de los errores.
Pregunta rápida 7 (cuaderno)
Cuando algo sale mal (una nota, un conflicto, un error), ¿qué frase te dices por dentro?
Actividad 8 (grupo, diez (10) min) — “Cambia la frase”
Transformad estas frases negativas en otras más útiles:
- “No valgo”
- “Siempre me sale mal”
- “Paso de todo”
¿cómo cambia la motivación cuando cambia la forma de hablarte?
La autocrítica es la capacidad de analizar lo que haces para mejorar. Es positiva cuando sirve para aprender y negativa cuando se convierte en ataques personales.
Regla básica de la autocrítica sana: Critico la conducta, no mi identidad.
- Autocrítica útil: “No estudié bien este tema”.
- Autocrítica destructiva: “Soy un desastre”.
La autocrítica bien usada te ayuda a crecer; mal usada te bloquea.


No hay comentarios:
Publicar un comentario