Las empresas realizan diferentes tipos de inversiones según sus necesidades y objetivos. Podemos clasificarlas atendiendo a tres criterios:
A. Según su duración
Inversiones a corto plazo o de funcionamiento: se destinan a adquirir elementos necesarios para la actividad diaria de la empresa, que se consumen o renuevan periódicamente. Forman parte del activo corriente.
Ejemplo: una panadería compra harina, levadura y otros ingredientes para elaborar sus productos.
Inversiones a largo plazo o permanentes: se destinan a adquirir bienes que permanecerán en la empresa durante más de un año. Forman parte del activo no corriente.
Ejemplo: una empresa de reparto compra una furgoneta que utilizará durante varios años.











